Escuela de Padres

"LA ESCUELA DE PADRES FORMADORA DEL CRECIMIENTO FAMILIAR"

Las diversas experiencias de las jornadas con padres y madres de familia en el Colegio, nos indican los cambios y transformaciones operados en la estructura familiar, cambios en las relaciones entre las parejas, de los nuevos roles en la labor de padres y madres, del ejercicio de la autoridad en la familia, así como de la experiencia de la vivencia de la democracia en las familias frente a las realidades de sus integrantes respecto de la realidad de su entorno y de la sociedad, elementos todos éstos que reclaman tramitarse o procesarse como objeto de formación de las familias actuales. Estas nuevas realidades de las familias, se expresan desde la tarea educadora con los hijos, que fundan la necesidad y legitimidad de iniciar trabajos más dirigidos a la familia y de enfatizar el rol del padre de familia en la construcción de la educación de sus hijos.

Actualmente la Escuela de Padres en las instituciones educativas de nuestra localidad, es una herramientas necesarias para contribuir en el proceso formativo de los hijos, y guiará el acompañamiento en el proceso formativo en cumplimiento de la responsabilidad como primeros educadores, para mejorar la orientación personal y el desarrollo de los valores ciudadanos.

La Escuela de Padres no es un elemento decorativo para el Colegio, sino una de las estrategias más interesantes (algunos piensan que es quizás la única consistente) para crear un ámbito de diálogo educativo acerca de los fines y medios de la educación: ¿por qué educamos?, ¿cómo educamos?. La escuela y la familia pretenden la formación global de la persona incluyendo la dimensión del sentido de la vida. La Escuela de Padres, se inserta en el área de la comunicación o conversación, que no intenta lograr ninguna decisión operativa a corto plazo, sino solamente la reflexión, el diálogo, el consenso. Una escuela de diálogo que los padres pueden trasladar al diálogo padres-hijos, es el eslabón perdido de la educación familiar. Los padres y la escuela se necesitan. No es posible una educación en valores ignorándose o prescindiendo mutuamente del propio mundo educativo.

Recordemos que la Escuela de Padres no pretende dar recetas ni soluciones concretas (educar no es una técnica sino un arte). Pero la Escuela de Padres puede ayudar a lograr una serie de objetivos muy interesantes, como por ejemplo:

  • Proporciona una serie de principios psicológicos y éticos, técnicas, modelos, informaciones.
  • Aviva la inquietud educadora, que nos hace pensar, nos saca de la rutina diaria.
  • Mejora la capacidad de observación de los hijos: se ven más cosas en ellos, no sólo sus defectos; se profundiza en su conocimiento.
  • Ayuda a rectificar actitudes y normas educativas rígidas que a veces tomamos y en las que nos hemos encasquillado.
  • Ya logrando lentamente que el padre y la madre actúen de común acuerdo, objetivo difícil de conseguir, pues tenemos puntos de vista y metas distintas (a veces, secretas); vemos y esperarnos cosas distintas en los mismos hijos. Cada cónyuge tiene su propia historia familiar, trae consigo un bagaje diferente de valores, frustraciones, proyectos, etc.

Con todo lo indicado, el educar en familia es algo complejo y creativo que comprende un conjunto de estrategias educativas que van desde el diálogo a la firmeza, desde la norma a la alabanza. Es peligroso ser simplista y decir yo educaré con el diálogo, yo con la creación de hábitos, yo con la autoridad y la firmeza, etc. Así como se suele temer al "hombre de un solo libro" o al profesional de una sola teoría, también se puede decir que tememos al educador de una sola estrategia.

Es así, que la mejor estrategia en casa es la comunicación, conversar es dialogar sin preocuparse de conseguir nada concreto a largo plazo. Es algo libre, personalizado, que se realiza con cierta privacidad y por supuesto, oportunidad. La conversación tiene un gran problema: el tiempo y la calma. Hoy día es más difícil conquistar la calma que buscar tiempo. No se trata de largos tiempos de conversación, pueden ser dos minutos. Se trata de escuchar y trasmitir que se comprende el punto de vista de los hijos, sin apresurarse a aconsejar ni dar recetas. Escuchando activamente, es decir, mirando a la cara, sin hacer otra cosa que escuchar, se satisface la necesidad más profunda de la persona, que es que alguien intente entenderme desde dentro.

Esto fomenta poderosamente la seguridad afectiva que es la base de la autoestima. Sentirse comprendido es empezar a sentirse seguro. Se ayuda más a un hijo mostrándole que se comprende su situación, que dándole soluciones prefabricadas. Comprender sus sentimientos y experiencias es apreciarles como personas; lo cual no significa aceptar sus comportamientos negativos. No cabe duda que hay que buscar tiempo para conversar: aprovechar ocasiones de algo que les ha sucedido, de algo que ha aparecido en la televisión, en casa, en los sucesos y temas de la calle. Aprovechar un viaje, en el coche, cuando va solo(a) contigo a tu lado; espacios sin prisas en fines de semana, etc.

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